martes, 4 de enero de 2011

"Eres una mentirosa compulsiva"

No sé quién fue exactamente el adulto que pronunció esas palabras, pero como llegue a averiguarlo me lo cargo.

En la salita que tenía mi abuelo justo al lado del salón no se podían ver las paredes, estaban ocultas tras hileras de libros perfectamente colocados.
En un momento dado oí a "Cien años de soledad" un comentario sobre "No sin mi hija". Discutían sobre algo ininteligible para mi corta edad, aún así, la sensibilidad de una niña de siete años sobrepasa muchísimos límites y supuse que deseaban entrelazar sus historias para completarse de otra forma.
El juego en algún momento se empezó a complicar demasiado. Abría un libro y le escuchaba, después lo dejaba en un rincón y me dedicaba a buscar entre el resto las respuestas a las preguntas del anterior y así sucesivamente. A veces necesitaba de la suma de muchos libros para alcanzar los de las estanterías más elevadas y la literatura francesa y rusa era muy poco cooperativa para esos fines. Por otro lado la poesía hispanoamericana pedía cosas imposibles o demasiado utópicas y eso me hacía estremecer, pero luego venía Boris Vian y me alegraba con sus dibujos.

Detrás de una caja en un rincón había un tocadiscos rodeado de vinilos de Serrat, Sabina y Los rolling. Creo que fue en ese momento cuándo la gente empezó a entrar en la habitación, quizá el primero fue mi tío Luisma, no lo sé, el caso es que alguien estaba en el umbral de la puerta viendo mi espectáculo, sentía unos ojos detrás.

Puse a Serrat y un atlas folclórico de la costa mediterránea haciendo de tejado al tocadiscos. En esa habitación había muchísima gente a la que presentar, letras que unir, libros que encontrar. La tarea se iba tornando ardua en proporción a la alegría que me producía encajar perfectamente dos cosas que estaban en puntos totalmente alejados. ¡Qué alegría!

En un momento dado alguien se arrodilló junto a mí:

- Laura, estás desordenándolo todo.
- Eso no es cierto, o lo estoy ordenando de una forma mejor.
- Haz el favor de recogerlo ahora mismo.
- Pero ¿Por qué? Si no los junto yo... nunca se encontrarán
- Ah, pero es un juego
- ¿Un juego? No... No es un juego.
- Laura... Los libros no necesitan que les juntes.
- O sí...
- No, Laura, no lo necesitan.
- A lo mejor es que a veces me invento cosas luego creo que son reales.
- Así son los mentirosos compulsivos.
- ¿Compulsivo?
- Alguien que miente siempre.
- Vaya...
- Mentirosa compulsiva.